Donald Trump cumple un año de haber regresado a la Casa Blanca con una popularidad que se mantiene un poco por encima del 40%, una cifra que el mandatario achaca al Gobierno pasado. La guerra arancelaria contra cientos depaíses y los operativos antimigrantes han sido algunas de sus políticas más controversiales.
Desde el día uno de su segundo mandato como presidente de la potencia más importante del mundo, Donald Trump demostró su disposición para romper la inercia del sistema internacional. La lógica de la globalización se mostró obsoleta para un mandatario dispuesto a barajar y dar de nuevo el orden basado en reglas establecidas con el Consenso de Washington.
El multilateralismo, la deslocalización de la producción manufacturera, los estatutos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el derecho internacional se convirtieron en conceptos vacíos para la narrativa del magnate, mientras el imperio de los aranceles recíprocos funcionó como un golpe en la mesa para establecer las bases del nuevo diálogo internacional.
Los conflictos bélicos en Ucrania y Medio Oriente también marcaron el punto de partida de la segunda experiencia trumpista al mando de la Casa Blanca. Tal como había anunciado, su perfil marcó diferencias con su antecesor.
Sin embargo, “creo que el presidente Donald Trump dejó muy claro desde su primer mandato, aunque no lo parezca, que la política exterior y las relaciones internacionales fuera del continente americano no le son tan relevantes”, destacó Daira Arana, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM), en referencia a su mirada a casos como el de Venezuela o sus presiones a México, Brasil o Colombia..
No obstante, desde Argentina, Gabriel Merino, analista y profesor de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), describió una síntesis entre los sectores políticos que conforman el espacio de Donald Trump: “Hay un mix entre la agenda ‘neocon’ que venía del Gobierno de (George) Bush, y que lo podemos ver en su enfrentamiento con Irán, en su política en Medio Oriente de cambio de régimen, en la búsqueda de controlar recursos; pero después está toda la otra parte de ‘Make America Great Again’ (Hacer a EE. UU. grande otra vez) de giro nacionalista, que observa mucho más el unilateralismo estadounidense y que, yo creo, que es parte de una respuesta al declive relativo de Estados Unidos”.