Qué oportuna es la política mexicana. Apenas empieza a asomarse el 2027 en el calendario y ya tenemos reforma electoral lista para hornearse al mediodía, con hora exacta y todo. La presidenta Claudia Sheinbaum mueve las piezas, Morena afina la redacción y el país, disciplinado, observa cómo otra vez se ajustan las reglas del juego… casualmente cuando el juego se empieza a poner interesante.
El coordinador guinda en San Lázaro, Ricardo Monreal, salió puntual a tranquilizar almas: que no desaparece el PREP, que nadie se espante, que solo se trata de empezar los cómputos el mismo día. Nada grave. Nada sospechoso. Todo técnico, dicen.
Pero en México cada que alguien dice “es un ajuste técnico”, conviene revisar la letra chiquita.
Porque el verdadero debate no está en si el PREP vive o sobrevive, sino en algo más simple: cuando la mayoría cambia las reglas, normalmente no lo hace para perder. Y eso no es ideología, es aritmética política.
Monreal ya avisó que otros temas —desafuero, revocación de mandato, jueces y magistrados— podrían ir en entregas posteriores. Reforma por fascículos. Como colección de domingo. Hoy una parte, mañana otra. Y así, entre capítulos, se va moldeando el sistema.
Mientras tanto, en Nuevo León, el caso de Karina Barrón Perales dejó de ser expediente para convertirse en bandera. El Partido Revolucionario Institucional grita persecución y violencia política de género. Morena responde que es justicia. Y en medio, la ciudadanía tratando de entender si está viendo un proceso legal o un episodio más de temporada electoral adelantada.
El senador Waldo Fernández asegura que fue víctima de acusaciones falsas. El fiscal Javier Flores explica que una carpeta se cerró en septiembre de 2024 por “incomparecencias” médicas . En pocas palabras nadie se apareció y que otra sigue abierta. Todo conforme a derecho, dice la Fiscalía.
Aquí el detalle no es jurídico, es cronológico. En política el reloj no marca horas, marca conveniencias. Y cuando expedientes viejos reviven justo cuando el ambiente se calienta, la percepción se vuelve dinamita.
Tenemos entonces el combo completo: reforma electoral en puerta, oposición denunciando persecución, mayorías legislativas afinando cambios y discursos que hablan de legalidad mientras el calendario guiña el ojo rumbo a 2027.
¿Instituciones sólidas o tablero perfectamente calculado?
¿Justicia que llega cuando debe o cuando conviene?
En un país donde la confianza pública camina con muletas, lo mínimo que se esperaría es que las reformas generen certidumbre, no sospecha. Pero aquí pareciera que la sospecha es parte del diseño.
Porque si algo sabe hacer la política mexicana es convertir las coincidencias en estrategia… y las estrategias en coincidencias.