La salida de Juan Ramón de la Fuente de la Secretaría de Relaciones Exteriores sacude, aunque sin sorpresa, el tablero político del gobierno federal. La razón oficial, su estado de salud, obliga a un relevo que la propia administración de Claudia Sheinbaum ha tratado de presentar como una transición tersa, sin fisuras y con continuidad garantizada.
Quien toma la estafeta es Roberto Velasco Álvarez, hasta ahora subsecretario para América del Norte, un perfil técnico que conoce de cerca la relación con Estados Unidos, pero que ahora enfrentará un escenario más amplio y complejo desde la Cancillería. Su nombramiento será enviado al Senado, donde no se prevé mayor resistencia, pero sí una inevitable lectura política del movimiento.
Desde Palacio Nacional se ha insistido en que la salida de De la Fuente es temporal en términos de proyecto, no definitiva en términos políticos. La promesa de su eventual reincorporación deja ver que no hay ruptura interna, aunque sí evidencia que la salud, incluso en los niveles más altos del poder, también impone sus propios tiempos.