Tiene más de 30 años el estudio de la Universidad de Oñati, España, sobre el estado social y económico de los países futbolizados.
Los que viven del y para el futbol.
Es clara la relación, entre más efervescencia hay por el balompié, peores gobiernos, peor estado social (división) y peor estado de la economía.
En ese tiempo, el estudio comparaba a varios países… Argentina en contraparte con Chile; Alemania con España… Brasil con Uruguay… Francia con Holanda.
Chilenos, alemanes, uruguayos y holandeses tenían futbol que no destacaba gran cosa, ni era el tema top en la conversación social.
Sus economías eran, y son fuertes y contribuyen con un PIB por cabeza, superior a sus contrapartes.
Sus clubes de futbol no hacen grandes inversiones en jugadores estrella, más bien son exportadores y su papel en torneos internacionales es seguido con atención, pero no provoca ausentismo laboral ni estudiantil.
Los otros países, sumidos en la tragicomedia futbolera, dan a sus gobiernos tiempo y espacio para corromperse y para empobrecer al pueblo.
El estudio es contundente, y aunque no toca a México por una razón: México ni tiene gran economía ni gran futbol, pero sí se pierde en la vorágine doméstica de ese deporte.
Hay ausentismo laboral… Hay baja competitividad y alto consumo de alcohol en días de juegos importantes.
Para un país con cientos de miles de desaparecidos… Con miles de millones pagados al crimen organizado por usar nuestras carreteras o producir en el campo.
Con billones de pesos robados por políticos corruptos a través de todas las maneras posibles, hoy solamente se habla del sueño de ganar el siguiente desafío del mundial.
Los ciudadano se detienen, hacen una gran pausa.
Los corruptos criminales no.