La consigna se repite a través de las redes sociales en varios videos de palestinos desde Gaza. «Mientras todos miran la Copa del Mundo…» es la frase que da paso al reclamo de visibilidad a la catastrófica realidad de la Franja que, sin embargo, ha quedado desplazada de la atención internacional.
Lo señala una mujer mientras camina bajo el sol abrasador, con envases vacíos, para recoger algo de agua potable en medio de una escasez agudizada por las altas temperaturas. Lo clama la esposa de un hombre malherido, que necesita una evacuación médica fuera del enclave, esas que Israel permite a cuentagotas.
Lo implora, en tono irónico, un hombre que llama a que la gente «disfrute del Mundial, celebre los goles» pero se «disculpa» porque «nosotros hemos estado jugando un partido por casi tres años y estamos cansados».
Junto a él, yace el cadáver de otro hombre de 60 años que fue víctima de uno de los ataques israelíes que se registran casi a diario, pese al violado cese al fuego.
Y es que este 3 de julio se cumplen mil días desde el inicio de la invasión israelí en Gaza, lanzada tras las matanzas de Hamás en el sur de Israel.
Mil días a los que la Franja llega bajo una tregua que no ha detenido el fuego israelí y un plan presentado con bombos y platillos por el gobierno de Donald Trump que no ha garantizado siquiera la entrada de ayuda humanitaria en los niveles requeridos para una Gaza arrasada, dejando a sus habitantes en un limbo de violencia, devastación, desplazamiento forzado y condiciones de vida inhumanas.
En buena medida, la declaración del cese al fuego el 10 de octubre pasado y la presentación del plan de 20 puntos impulsado por el presidente Donald Trump para Gaza parece haber contribuido a cierta complacencia internacional sobre el presente y el futuro del enclave.
Sin embargo, habitantes y organizaciones internacionales señalan que, casi nueve meses después del acuerdo negociado por Washington, Gaza malvive en una suerte de status-quo de ataques continuos de Israel; una entrada limitada de ayuda humanitaria y de productos que apenas alcanzan para sobrevivir; “ciudades” enteras de tiendas de campañas y viviendas en ruinas con más de un millón de desplazados forzados; y decisiones trascendentales sobre la reconstrucción y rehabilitación de la franja, postergadas mientras EUA ., Israel (enfrascados en su guerra contra Irán) o Hamás (que ha reinstaurado su control de facto en partes de Gaza) parecen relegar unas negociaciones de por sí empantanadas.
«Deseamos vivir en paz y tranquilidad y sentirnos seguros al caminar por las calles y carreteras, pero los bombardeos aún no han cesado», dice a France 24 por mensajes de texto Nahed Ali Muhammad Al-Shami desde Ciudad de Gaza, donde vive junto a su esposa y su único hijo Azzam, quien lleva un año y medio a la espera de ser evacuado de Gaza para recibir tratamiento por las graves secuelas sufridas a causa de un bombardeo israelí.
De acuerdo a las cifras del Ministerio de Salud gazatí, más de mil palestinos han muerto desde el inicio del alto el fuego y más de tres mil han resultado heridos como consecuencia de los ataques israelíes.
Esto ha elevado a más de 73 mil los muertos desde octubre de 2023, entre ellos unos 20 mil menores y niños, a los que Israel ha «atacado y asesinado deliberadamente», según concluyó días atrás la comisión investigadora independiente de la ONU para Palestina, que en septiembre pasado ya había señalado que Israel estaba cometiendo un «genocidio» en la franja palestina.