Nuestra querida nación atraviesa una etapa en la que demasiadas señales de alarma están siendo tratadas como simples asuntos políticos.
Manlio Fabio Beltrones anuncia su regreso al Senado y habla de recuperar el equilibrio de poderes, ordenar el gasto público y rescatar instituciones deterioradas. Mientras tanto, Claudia Sheinbaum plantea impedir que personas con doble nacionalidad puedan ser gobernadores, en medio de la controversia por Francisco García Cabeza de Vaca.
Pero el verdadero incendio está en otro lado.
Rubén Rocha Moya regresó brevemente a la gubernatura de Sinaloa mientras continúan investigaciones de la FGR y existen señalamientos de autoridades estadounidenses que involucran a él y a otros funcionarios. La Presidenta dice que una investigación no significa culpabilidad, y tiene razón.
Pero tampoco significa que debamos mirar hacia otro lado.
Sinaloa no es una isla. Cuando aparecen investigaciones relacionadas con presuntos vínculos con el crimen organizado y solicitudes de extradición, el asunto deja de ser exclusivamente local. Es un problema de México.
Y en medio de todo aparece una propuesta que, aunque venga desde Morena, merece ser tomada en serio: eliminar el fuero constitucional.
Ya basta de políticos que utilizan la investidura como escudo.
El fuero nació para proteger la función pública, no para proteger personas.
Si alguien es inocente, que enfrente una investigación y lo demuestre. Si alguien es responsable, que responda ante la justicia. Así de sencillo debería ser.
Y mientras la política se pelea por cuotas, cargos y controles, hasta la UNAM reconoce anomalías en un examen piloto de admisión que deberán investigarse.
Ahí está el problema de fondo: nuestras instituciones están obligadas a recuperar algo que se ha ido perdiendo poco a poco: credibilidad.
México no necesita más discursos de transformación.
Necesita instituciones que investiguen.
Necesita jueces que decidan.
Necesita fiscales que actúen.
Necesita políticos que entiendan que el poder no es propiedad privada.
Y necesita ciudadanos que dejen de aceptar como normal que una investigación se convierta en pleito partidista.
Porque si el fuero sigue siendo refugio, si las investigaciones se convierten en negociación política y si las instituciones solamente funcionan contra el adversario, entonces no estamos construyendo una democracia más fuerte.
Estamos perfeccionando la impunidad.
Y eso, tarde o temprano, termina cobrándole la factura a todo México.