Con casi todas las encuestas de preferencia de voto en su contra, los republicanos se preparan para unos comicios en los que se juegan la mayoría en el Congreso, algo que es crucial para que Donald Trump lleve adelante sus políticas hasta 2029. Sin embargo, las grietas internas, incluso en movimientos como MAGA, pintan un panorama muy complicado.
Cuando Texas le da la espalda a un presidente republicano, algo no va bien en el Grand Old Party. Y es que hace poco ocurrió lo inesperado: el gobernador texano y candidato a la reelección, Greg Abbott, no estuvo en el mitin que ofreció Donald Trump en San Antonio el 7 de octubre. Su ausencia, sin duda, es un termómetro de lo que sucede en esta fuerza política: ya no todos los republicanos quieren enmarcarse dentro del trumpismo.
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“Eso nunca había pasado en un estado totalmente republicano. Lo que vemos ahora es que muchos candidatos republicanos entienden que Trump es la cabeza, pero también se quieren alejar un poco de su figura presidencial y su narrativa. Están en una especie de dicotomía”, explica a Sputnik Roberto Viesca, maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Varias encuestas indican que la situación en el Senado y la Cámara de Representantes —donde los republicanos gozan de una ligera mayoría— podría revertirse en favor de los demócratas después de las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre. Lo mismo sucede en algunas gubernaturas que están en juego. Por ejemplo, un sondeo de Siena College señala que, entre el 9% y el 16% de los votantes republicanos prefiere votar por el candidato demócrata en cinco estados clave de EU: Alaska, Iowa, Kansas, Ohio y Texas.
De fondo, sin embargo, los peores números los encabeza Trump, cuyo nivel de popularidad está en su punto más bajo desde que volvió a la Casa Blanca por segunda ocasión. Según un sondeo de Ipsos, la aprobación ciudadana del presidente se encuentra en el 32%, lo que quiere decir que dos terceras partes de los estadounidenses no ven con buenos ojos su gestión. Además, una encuesta de la Universidad de Georgetown apunta que el 51% de los ciudadanos del país considera que Trump es “una amenaza para la democracia”, mientras que un 49% percibe lo mismo del movimiento Make America Great Again (MAGA).
“El Partido Republicano llega muy golpeado [a las elecciones] y la propia Administración Trump está en su momento más tenso. El costo de la vida cotidiana sigue aumentado en EU y esa es una de las grandes preocupaciones del electorado, particularmente el incremento en el precio de las gasolinas y el diésel a causa de la política exterior [de Washington], especialmente la guerra contra Irán”, observa en entrevista con Sputnik Irwing Rico, académico del Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Bien dicen que la ruta de la política es la ruta del dinero. Hace algunas semanas, Senate Leadership Fund —un comité de acción política ligado a los republicanos— recortó su inversión prevista de 18 millones de dólares en Carolina del Norte, donde Michael Whatley compite contra el demócrata Roy Cooper por un escaño.
Lo anterior, apunta Viesca, demuestra que sí existen fracturas al interior del partido, aunque eso no quiere decir que se avecine propiamente una crisis, ya que, asegura, los demócratas tampoco han sabido capitalizar del todo los errores de los republicanos en el Capitolio y en la Casa Blanca.
Actualmente, en el Senado los republicanos tienen 53 escaños, mientras que los demócratas tienen 45, mientras que la Cámara de Representantes, los primeros tienen 218 curules y los segundos 214, “pero esto probablemente se pueda revertir”, estima Viesca. Sin embargo, prevé que, tras las elecciones, Trump se quede con “menos margen de maniobra política para sus iniciativas” y con “una estrategia política completamente distinta” de parte de los republicanos en el Congreso, más alejada de todo lo que representa el presidente y el movimiento MAGA.