La violencia en Medio Oriente amenaza una de las arterias energéticas más sensibles del planeta. Varios petroleros fueron alcanzados en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz tras los bombardeos estadounidenses e israelíes y la respuesta iraní, mientras centenares de buques permanecen a la espera ante el deterioro de la seguridad. Aunque Teherán niega por ahora un cierre formal del paso marítimo, la tensión en la zona ya afecta el tráfico comercial y eleva el riesgo para el suministro mundial de crudo.
Punto clave del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, el Estrecho de Ormuz se ha convertido en uno de los escenarios de la guerra que sacude Medio Oriente.
Al menos tres petroleros resultaron dañados frente a la costa del Golfo después de que los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán desencadenaran represalias iraníes que pusieron en riesgo a buques mercantes por posibles daños colaterales, informaron el domingo fuentes del sector marítimo y autoridades.
El canciller iraní Abbas Araqchi desmintió este domingo cualquier iniciativa del gobierno para clausurar el estrecho, señalando que «no tienen intención de cerrar el Estrecho de Ormuz en este momento». Sin embargo, el tráfico comercial en la región se ha visto afectado.
Los riesgos para el transporte marítimo comercial se han disparado en las últimas 24 horas, con más de 200 embarcaciones —incluidos petroleros y buques de gas natural licuado— anclados en torno al Estrecho de Ormuz y aguas circundantes, según datos de navegación.
“El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán incrementa drásticamente el riesgo de seguridad para los buques que operan en el Golfo Pérsico y aguas adyacentes”, afirmó Jakob Larsen, director de seguridad de la asociación naviera BIMCO.