Benjamin Netanyahu continúa presionando a los Estados europeos para que colaboren con Israel y Estados Unidos en el desbloqueo del estrecho de Ormuz y se involucren en el conflicto armado iniciado por ambos.
Irán ha lanzado contra Israel más de 400 misiles balísticos desde el inicio de la guerra en Oriente Medio, aunque según un portavoz del Ejército israelíl la tasa de interceptación alcanza el 92%. «Los misiles balísticos que vimos ayer no son distintos de los misiles balísticos que hemos interceptado en el pasado y que interceptaremos en el futuro», ha declarado el teniente coronel Nadav Shoshani.
Varios medios israelíes atribuyen el fallo en la interceptación de los dos misiles a una coincidencia. Estos impactaron la noche del sábado en las ciudades de Dimona y Arad, en el sur de Israel, e hirieron a casi 200 personas, entre ellas niños, además de provocar importantes daños materiales.
Dimona alberga un centro de investigación nuclear estratégica y se encuentra a unos cinco kilómetros del lugar del impacto. El ataque contra Dimona es una «respuesta» a un golpe contra la instalación nuclear iraní de Natanz, según informa la televisión iraní controlada por el régimen persa. Benjamin Netanyahu, que se desplazó la mañana del domingo al lugar del ataque, ha admitido que ha sido «una noche difícil». El primer ministro israelí ha prometido «poner en su punto de mira» a cada dirigente iraní.
El primer ministro israelí pidió una vez más a la población correr a los refugios en caso de alarma. «Aquí en Arad es un milagro que nadie haya muerto». Al mismo tiempo, reiteró que ha llegado el momento de que los dirigentes de otros países se unan a Israel y a Estados Unidos contra Irán.