Cuando estaba López Obrador, Nuevo León era el depositario de todas sus rabietas, de sus frustraciones… de su miseria humana.
Nos detesta, y se notaba…
Nos mandó la peor gasolina, nos envenenó con la refinería, nos abandonó en temas de seguridad… apretó a los poderes políticos locales, saqueó al estado con sus constructoras amigas.
Como dice la vieja canción de la España Camisa Blanca de mi Esperanza… «Nos dejó el hambre y se llevó el pan».
Con Sheinbaum queda en claro que tampoco somos el santo de su devoción, pero al menos en su alma no existe el secreto anhelo de arrasar con nuestra norteña civilización.
Al menos, hasta ahora no lo ha mostrado…
Con Sheinbaum tenemos una gran dosis de importamadrismo… ¡no pintamos para ella!
Tiempo ha que las cosas en Nuevo León dejaron de contar con la guía o con la rectoría del gobierno federal.
Aquí cada quien hace lo que se le antoja…
Eso sí, parece que Samuel no le es muy simpático, y le quitó la protección que le dispensaba el Vejete Ladrón durante su mandato.
Pero tampoco tiene ganas de quitarlo.
Básicamente, para la mandataria Nuevo León no está en su ánimo ni en sus prioridades.
Esto sería una gran oportunidad para la clase política nuevoleonesa en busca de acuerdos para transitar y fortalecer instituciones.
Para generar cauces por los que todos puedan fluir y tener cada quien lo mejor… y desde luego, en una de esas generar beneficios para la ciudadanía.
Lamentablemente, sea por unos o por otro… sea por orgullo, por soberbia, estupidez, o por todo junto, ya transitamos más de un año con esta extraña libertad que viene del desaire centralista, y no lo aprovechamos, o no lo aprovecharon los del pleito.
Los inteligentes de diversos colores, esos que piensan en el 27, ya comenzaron a tejer alianzas para ellos… para ganar en lo político.
Pero en lo otro, lo que a nosotros los ciudadanos concierne, allí sí, para que vea… ¡cero acuerdos!