Beijing ha condenado enérgicamente los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, dirigidos contra su liderazgo y su infraestructura. Como principal comprador de petróleo iraní y socio estratégico, China debe ahora asegurar su propio suministro energético sin verse arrastrada a una escalada regional.
El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, condenó los ataques el domingo, calificando el «asesinato flagrante de un líder soberano» y los intentos de provocar un cambio de régimen como algo «inaceptable», e instó a un alto el fuego inmediato y a retomar las negociaciones para evitar una guerra regional más amplia.
China ha sido durante mucho tiempo un aliado clave de Irán, comprando cerca del 90 % de su petróleo exportado y proporcionando apoyo económico y tecnológico.
Los recientes ataques de EE. UU. e Israel, que interrumpieron instalaciones estratégicas y causaron la muerte de altos dirigentes, incluido el líder supremo Ali Jamenei, hacen que Beijing esté en una posición delicada: evitar implicarse en el conflicto regional mientras su seguridad energética está en juego.
Las rutas marítimas a través del estrecho de Ormuz, por donde pasa casi la mitad del petróleo que China importa del Golfo, han sufrido interrupciones, lo que pone de relieve la vulnerabilidad de sus importaciones energéticas.
Irán es además un socio difícil de reemplazar, especialmente por los descuentos en el petróleo derivados de las sanciones internacionales.