Irán intensificó la represión de la disidencia interna, con la detención de figuras reformistas y activistas semanas después de una ola de protestas a nivel nacional. Al mismo tiempo, Teherán dejó abierta la puerta a nuevas negociaciones nucleares con Estados Unidos, poniendo de relieve una estrategia dual de control interno y diplomacia cautelosa.
Irán endureció su ofensiva este lunes tras las recientes protestas, con nuevas detenciones, mientras mantiene abierta la posibilidad de futuras negociaciones nucleares con Washington.
Los arrestos —entre ellos el de Javad Emam, portavoz de la principal coalición reformista— se produjeron después de que funcionarios iraníes y estadounidenses mantuvieran conversaciones en Omán que ambas partes calificaron de positivas.
El sábado, Irán sumó más años de prisión a la Nobel de la Paz Narges Mohammadi y, el lunes, arrestó a Hossein Karoubi, hijo del destacado disidente Mehdi Karoubi.
Semanas después de reprimir una ola de protestas —uno de los mayores desafíos para el gobierno desde la Revolución Islámica de 1979—, Teherán ha adoptado un enfoque de dos vías.
Por un lado, está deteniendo y encarcelando a críticos percibidos; por otro, explora una posible apertura diplomática con la administración del presidente estadounidense Donald Trump.
Un portavoz de la coalición Frente Reformista dijo a medios locales el lunes que la Guardia Revolucionaria arrestó a su portavoz, Emam.
Emam fue uno de al menos cinco dirigentes del Frente Reformista detenidos, junto con varios activistas y cineastas que cofirmaron un comunicado de protesta.
El gobierno iraní ha calificado las protestas de “disturbios” alentados por sus archienemigos Israel y Estados Unidos.