En el cuarto día de su ofensiva que justifica como represalia por el involucramiento de Hezbolá en la guerra con Irán, el Ejército israelí inició en la noche del jueves sus bombardeos sobre los suburbios del sur de Beirut, unas ocho horas después de lanzar una orden de evacuación masiva que desató el pánico y la huida forzada de miles de residentes. Además, ordenó el avance de su invasión terrestre en el sur de Líbano, donde las fuerzas pacificadoras de la ONU reportaron intensos enfrentamientos.
Una vez más, Líbano sufre las graves consecuencias del conflicto entre Hezbolá e Israel. El involucramiento del partido-milicia chiíta con el lanzamiento de drones el lunes pasado, en respuesta por la muerte del líder supremo iraní Alí Jamenei, le ha servido a Israel para olvidarse del cese al fuego –un pacto que, de todas maneras, vulneró sistemáticamente desde su implementación en noviembre de 2024– y reanudar una ofensiva más amplia e intensa sobre el país vecino.
En el cuarto día de su avanzada, el Ejército israelí ha cumplido su advertencia e inició en las últimas horas del jueves 5 de febrero sus bombardeos sobre los suburbios del sur de Beirut, la capital de Líbano, y considerado un bastión de Hezbolá.
Según constató la agencia EFE, los cazas israelíes alcanzaron al menos cinco objetivo en un lapso de una hora en los barrios periféricos del Dahiye. Uno de ellos, en la zona de Haret Hreik, resonó con fuerza en toda la ciudad.
Estos bombardeos, que comenzaron a cuentagotas pero se presumen que seguirán intensificándose, se registraron unas ocho horas después de que el Ejército israelí emitiera órdenes de desplazamiento forzado para todos los residentes del área, instándolos a que «salvaran sus vidas y evacuaran sus hogares inmediatamente». Las alertas incluso cubrieron a los barrios de Chiyah y Hadath, de mayoría cristiana.
Esos avisos causaron pánico entre los habitantes de los suburbios del sur de Beirut, que, en una huida desesperada de cientos de miles de personas, provocaron atascos kilómetricos en carreteras, así como peregrinaciones de familias.
Mientras escapaba de la zona, Hadi Kaakour le dijo a la agencia AP que no estaba seguro de estar a salvo incluso al irse de allí. «No nos sorprende nada de ellos, nos atacarán dondequiera que vayamos», afirmó.