5 abril, 2026 | 1:37 pm

La nueva Monarquía Naranja

Por Francisco Zúñiga Esquivel

En Nuevo León estamos viviendo el inicio de lo que parece una monarquía institucional, donde los cargos se heredan por línea de sangre o de registro civil.

En el movimiento de las fichas que hace el gobernador Samuel García Sepúlveda, se llevó a Félix Arratia de la alcaldía de Juárez a la Secretaría de Igualdad e Inclusión en sustitución de Martha Herrera, quien iría a un humilde cargo de presidenta municipal de su partido, con la línea evidente de ser candidata a la alcaldía de Monterrey y lograr lo que hace un par de años Mariana Rodríguez no logró.

Pero entre tanta gente que pudo ocupar el cargo, el puesto fue heredado a la esposa de Arratia, Mónica Oyervides Acosta, bajo el argumento de que eso da continuidad al Gobierno de Juárez. Habrá que preguntarle a los juarenses si realmente quieren una continuidad de lo que ha vivido en los últimos dos años.

Esa parece ser la línea entre la clase política naranja, pues es más que evidente el esfuerzo -y los millones de pesos gastados- por el gobernador para promover a su esposa, Mariana Rodríguez, hacia la Gobernatura, que incluyó el intento de bloquear a todo candidato hombre, para asegurar la participación de la actual presidenta del DIF estatal.

Y ni se diga el caso de Cerralvo, donde los Baltazares Martínez se apoderaron del Municipio, aunque eso implicó salirse del PAN. Claro, ahí ayudó mucho la desaparición física de sus principales oponentes políticos.

México siempre ha vivido en una monarquía sexenal, como dijo don Daniel Cossío Villegas allá por 1972. Al PRI le funcionó por más de 70 años, gracias a la disciplina institucional y al reparto que los diversos grupos realizaban.

De arriba llegaba el aval para nombrar gobernadores, alcaldes, pero cada gobernante tenía su coto de poder y los principios de no reelección incluían el no nepotismo. Era pecado político buscar eternizarse en un cargo o heredarlo a sus hijos. Las esposas eran figura decorativa en el mundo político, hasta que llegó Martitha Sahagún, que insistió en tener su propio protagonismo con la anuencia de su esposo, el entonces presidente Vicente Fox.

Fue con el nuevo milenio que todo cambió y las formas dejaron de guardarse. Los nuevos partidos van por todo, por el carro completo, insatisfechos del poder que lograron en las urnas por la inconformidad y descontento de los ciudadanos con los viejos partidos.

El único que medio respeta esas leyes no escritas es Morena, donde todo se hereda igual, pero no a la familia. Esos que se enriquezcan, pero no gobiernen. Sólo hay que recordar que Morena es ese PRI reconstituido que soñó Carlos Salinas de Gortari para mantener la monarquía sexenal, pero que los viejos dinosaurios priístas mataron al morir Luis Donado Colosio, hace 32 años, que se cumplen justamente este mes de marzo.

Para todo hay reglas y si no se cumplen, se cae en la dictadura. Poner a la esposa es asegurar el control por otros tres años o seis, según sea el caso. Es construir un feudo familiar político, tal como hicieron los priístas en el pasado reciente, y que les costó perder todo.

El PRI tardó siete décadas en esa descomposición, el PAN apenas unos 20 a partir de que tomó fuerza, y los nuevos partidos ya se asoman a esa posibilidad en menos de diez años.

La institucionalización del nepotismo, o monarquía política, no es bueno para el Estado ni para el país. Porque si de algo estamos seguros, es que la capacidad, si es que la hay, no se transmite ni por osmosis ni por los genes.

Y la historia lo confirma.,

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo Último

Recuperan en Países Bajos un casco de oro robado de 2 mil 500 años

Zelenski teme que la guerra de Irán desvíe ayuda a Ucrania

El piloto estadounidense desaparecido ha sido rescatado en Irán «sano y salvo»

Trump amenaza a Irán: «Si no abres Ormuz, vivirás en el infierno»