Entre 40 y 60 mil toneladas de armas químicas y armas convencionales yacen en el fondo del mar Báltico desde la Segunda Guerra Mundial. Este armamento libera compuestos tóxicos, pero su eliminación puede resultar complicada según la legislación internacional.
El fondo del mar Báltico es sólo un ejemplo de cómo las guerras han contaminado el mar. Tras la Segunda Guerra Mundial, sólo en el mar Báltico quedaron entre 40 y 60 mil toneladas de armas químicas.
Sin embargo, el Dr. Michal Czub, biólogo del Laboratorio de Amenazas Contemporáneas a los Ecosistemas Marinos del Instituto de Oceanología de la Academia Polaca de Ciencias, señala en una entrevista con ‘Euronews’ que también hay enormes cantidades de armas convencionales que son potencialmente igual de tóxicas. Sin embargo, aún no se ha investigado a fondo el impacto exacto de estos compuestos.
«Se calcula que en el siglo XX había hasta 200 mil minas marinas en el mar Báltico, que podían pesar desde decenas de kilogramos de explosivos hasta una tonelada», explica. «Así que esto también es una escala enorme, masiva, pero en términos de la cantidad de estos arsenales hundidos, son mucho mayores que estas armas químicas».
«Eliminar los efectos ecológicos de la guerra actual»
Aunque el experto advierte contra el uso del término «bomba de relojería» en el contexto de la contaminación de los fondos marinos, la corrosión de las armas que yacen en el fondo -tanto químicas como convencionales- provoca la liberación de toxinas en el agua, lo que también se traduce en la contaminación de los organismos marinos.