El ecuatoriano Álex Pillajo Romero (30 años, Quito) entró en un centro de detención del ICE en septiembre de 2025, pese a tener una solicitud de asilo aprobada y un permiso de trabajo vigente.
Tras ser detenido por un incidente menor, su caso pasó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Estuvo recluido casi tres meses, antes de recibir una orden de expulsión obligatoria.
Su nombre hacía parte de los más de 65.000 migrantes que permanecían detenidos por ICE hasta finales de noviembre, en medio de la presión de la Casa Blanca por elevar ese número a más de 100.000
En 2023, Pillajo tomó un avión rumbo a Nicaragua, antes de comenzar «una travesía de 30 días, de bus en bus, de frontera en frontera», hasta EE. UU.
«Salí de Ecuador porque tenía miedo, era acosado políticamente por ayudar a los indígenas en las protestas», asegura, antes de describir panfletos «con recortes de indígenas muertos» que recibió tras denunciar a la policía por haber recibido una paliza.
«Decían que me iban a meter preso o a desaparecer», recuerda.
Al final de la escapada, llegó a Nueva Jersey el 23 de diciembre de 2023, mal día para iniciar la búsqueda del sueño americano. «Nadie me daba trabajo por las festividades», recuerda.
Las amenazas se extendieron a su familia. Y ante la imposibilidad de tomar un avión, recorrió más de 4.500 kilómetros por tierra, incluido el paso por el letal Tapón del Darién.
Ya en Estados Unidos, Álex se empleó en la construcción antes de entrar a una fábrica de alfombras en Henesville (Georgia), hasta que un encuentro con el ICE pulverizó los pronósticos.
«Van contra todo lo que se parezca a un migrante»
El asesor de seguridad de Trump, Stephen Miller, manifestó públicamente en mayo de 2025 que la misión del ICE era ejecutar «un mínimo» de 3.000 arrestos diarios, un aumento exponencial frente a los 33.243 arrestos del grupo en todo el año fiscal 2024, según el reporte anual de la institución.
“Como tienen cuotas muy fuertes de arrestar cierto número de personas a la semana, bajo amenaza de despido, están atrapando a quien puedan. Vemos casos de mujeres o menores de edad o de ciudadanos que no son deportables y terminan siendo liberados», señala a France 24 Ernesto Castañeda, profesor y director del Laboratorio sobre la Inmigración de American University en Washington D.C.
El abogado constitucionalista Rafael Peñalver es más directo: «Van contra todo lo que se parezca a un migrante». Y condena que el ICE “se está utilizando como un arma de control político» al ser desplegado en bastiones demócratas «claves para ganar una elección», como Chicago, Los Ángeles o Nueva York.