7 febrero, 2026 | 9:20 am

Viejo Texto

Era la inocencia…

La inocencia de la brisa en el rostro y la evocación del alma que clamaba por lejanos tiempos…

Era la culpa…

La daga de los deberes relegados, de la promesa no cumplida, de la voz de la conciencia no escuchada.

Era la gloria y el infierno…

Era el dulce toque de las manos.

Era el fuego abrazador del cuerpo ajeno.

Era el sublime y silencioso encuentro de sus ojos que le hacía rasguñar el cielo.

Era el jadeo, el grito ahogado y el sudor copioso que inundaba el cuerpo entero.

Era… es…

La certeza inexplicable de que nunca hubo tiempo mejor que aquellos días…

La humilde convicción de la derrota ante el amor que nunca fue prohibido…

Solo era el todo…

El inexplicable, el irreparable modo de entender la vida, justo cuando la vida se extinguía entre sus dedos…

Lo diría, si pudiera…

Y aunque pudiese, nadie entendería…

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