El papa León XIV consagrará este 10 de junio la Torre de Jesucristo, la parte que le hacía falta a la Sagrada Familia para convertirse en el templo católico más alto del mundo, una fantasía de perfiles curveados que definen la ciudad de Barcelona desde todos sus ángulos. Lo hará exactamente el día en que el arquitecto de la icónica basílica, Antoni Gaudí, cumple 100 años de muerto. El camino de la obra todavía no ha terminado, pero sus simbolismos trascienden el tiempo y el espacio.
Debía ser una iglesia neogótica con arcos ojivales y campanario en punta, de acuerdo con la concepción original del arquitecto diocesano Francisco de Paula del Villar, pero cuando los costos pusieron un freno al proyecto, apareció Antoni Gaudí para terminarlo y darle su estampa definitiva a la Sagrada Familia, el templo cristiano más alto del mundo y la parada el 10 de junio del papa León XIV en su gira por España.
Antoni Gaudí cumplirá 100 años de muerto el mismo día en que el pontífice inaugura la Torre de Jesucristo, el elemento central de una edificación que se ha convertido en el rostro de Barcelona, un espíritu de piedra elevado que no supera la altura de la cima de Montjuïc, el cerro más alto de la ciudad, en línea con la visión del arquitecto español de que la obra humana no debía sobrepasar la obra de Dios.
Gijs van Hensbergen, profesor de arquitectura y estudioso de la obra de Gaudí, ha descrito este templo ahora de 172,5 metros como un desafío al tiempo, porque su construcción ha durado casi siglo y medio.
Para su creador, la intención era simplemente “escribir la Biblia en piedra”. No importaba el tiempo que tomara, porque, como lo dijo Gaudí en una de sus citas más famosas, “mi cliente no tiene prisa”.