¿Cómo pretende ser gobernador de Nuevo León quien desprecia la historia de Nuevo León? El alcalde talibán, Adrián, es otro gran contribuyente de que tengamos una ciudad espantosa. De la Garza Santos ya tiene su cripta y lápida históricas en la rotonda de los hombres deslustrados. Malavenido.
Por José Jaime Ruiz
¿Cómo pretende ser gobernador de Nuevo León quien desprecia la historia de Nuevo León? El alcalde de Monterrey se equivoca rotundamente sobre deteriorar el Arco de la Independencia. Ir contra la Historia es trabajo de personajes de historieta. El Arco de la Independencia es a Bernardo Reyes lo que el Arco del Triunfo a Napoleón. Más aún, el Arco de la Independencia no celebra a los gobiernos de distinta paleta de colores, celebra al pueblo y sus luchas de resistencia, liberación e identidad. Entre más obsesionado se encuentre Adrián de la Garza Santos por sus pírricas victorias, más se aleja de la respiración ciudadana, literal e históricamente. En efecto, la pretensión electoral nunca anulará que la eternidad esté enamorada de las obras del tiempo, como cantó el poeta William Blake.
El Arco de la Independencia es nuestro único monumento, paradójicamente, ciudadano. El culto a la Independencia trasciende a Bernardo Reyes y el porfiriato. Como el Hemiciclo a Juárez es de mayor relevancia que Porfirio Díaz, aunque Porfirio lo haya impulsado. Los ignorantes de oficio, como Adrián de la Garza, pretenden gobernar cuando simplemente son agentes de la extorsión. Cantar de ciegos, en Monterrey ni siquiera el tuerto es rey. Si los talibanes en su momento destruyeron ancestral cultura, el PRIAN regio obstruye la cultura cívica.
Los ciudadanos le arrebataron a la genealogía porfirista el símbolo. Hay registros que desde 1919, hace más de un siglo, las sociedades obreras de Nuevo León celebraban el Día del Trabajo marchando desde el Arco de la Independencia. Centro de resistencia cívica, el arco es el único monumento que no celebra al poder, sino a los revolucionarios sin dependencia. Otros monumentos conmemoran al poder político o al poder económico. Los Tubos, la Alianza, es el primer Fobaproa con el rescate del gobierno de José López Portillo a Alfa. El Homenaje al Sol de Rufino Tamayo prolonga la frase de Alfonso Reyes donde los regiomontanos somos héroes en manga de camisa; contrario a la Fuente de la Vida o el Neptuno que celebra nuestra sed, no nuestra abundancia. El Faro del Comercio es el torpe cíclope del centro kitsch de Monterrey. El intento provinciano de José Natividad González Parás de hacer un corredor escultórico en Constitución y Morones Prieto, invisible para el frenético automovilismo, fue una fallida pretensión cosmopolita. El Arco de la Independencia es nuestro único monumento ciudadano.
“La Acrópolis de Atenas existe, Teotihuacan existe, la Catedral de Puebla existe. El tiempo y costo de construcción que representan son nada frente a las inversiones y el esfuerzo que han hecho de Monterrey una ciudad espantosa”, escribió el poeta y ensayista regiomontano Gabriel Zaid. En efecto, el alcalde talibán, Adrián, es otro gran contribuyente de que tengamos una ciudad espantosa. De la Garza Santos ya tiene su cripta y lápida históricas en la rotonda de los hombres deslustrados. Malavenido.