30 octubre, 2026 | 9:07 am

Clan Taddei arrastra a Sheinbaum

Por Valeria Riaño // IAQuemada

Morena enfrenta una crisis que no puede contener desde Palacio Nacional: el derrumbe de su reputación en la conversación pública. El escándalo de Guadalupe Taddei dejó de ser un asunto de presunta corrupción en el Instituto Nacional Electoral para convertirse en un cuestionamiento al partido gobernante. Claudia Sheinbaum intenta cambiar el relato: Taddei no es de Morena, su carrera comenzó antes de la Cuarta Transformación y López Obrador no la nombró directamente. La precisión histórica no borra la responsabilidad política. Le falló el control de daños a la presidenta porque el malo de esta película no es Lorenzo Córdova, es el Clan Taddei y la 4 T que lo arropó.

Salvador Frausto, en Milenio, dimensiona el golpe con datos: 86.7 millones de interacciones digitales; 75 por ciento de desaprobación para Taddei y 72 por ciento de opiniones negativas sobre el INE. El indicador atribuido a Morena cayó de 60 a 30 puntos: el rechazo a Taddei se extendió al árbitro electoral, a Morena y a Sheinbaum. Frausto señala otra particularidad: la conversación no habría sido impulsada principalmente por bots, sino por ciudadanos e influenciadores reales. No prueba las acusaciones, pero dificulta atribuir todo a una manipulación opositora. El gobierno puede distribuir su versión cada mañana, no puede obligar al público a adoptarla.

La operación presidencial es un ejercicio de reframing: desplazar la discusión de las relaciones políticas de Taddei hacia su trayectoria anterior. Hay antecedentes de nombramientos de personas vinculadas a Morena en el INE y de familiares de Taddei en dependencias públicas. Alfonso Durazo reconoció haber recomendado a algunos integrantes de esa familia. Ni el parentesco ni una recomendación acreditan corrupción. Sí impiden presentar esos vínculos como inexistentes. Morena está en las venas políticas de los Taddei. “Si hay clan Taddei, soy autor intelectual involuntario”, expresó Durazo.

La decadencia empieza cuando el poder parece más interesado en corregir el relato de sus errores que en esclarecerlos. Más líder de Morena que presidenta de la República, Sheinbaum pretende separar a Morena de Taddei mediante una interpretación selectiva de la historia. Sin embargo, la historia institucional no desaparece porque el poder decida reorganizarla durante una conferencia de prensa. La presidenta puede repudiar a Taddei. Puede exigir investigaciones. Puede incluso encabezar una reparación institucional auténtica. Pero no puede pedir que la sociedad acepte simultáneamente la continuidad moral del obradorismo y la inexistencia de responsabilidades políticas por los errores cometidos bajo su predominio.

Morena no está condenada a caer por el affaire Taddei. Está condenada a perder autoridad moral si se niega a reconocer qué parte del desastre le corresponde. La Cuarta Transformación que durante años sobrevoló la política mexicana bajo las banderas de la honestidad, la regeneración pública y la superioridad ética ahora se enfrenta a su propio espejo. Y encuentra en él una imagen incómodamente parecida a la de aquellos gobiernos que prometió superar.

La caída más peligrosa no es la de sus preferencias digitales ni siquiera la de su eventual votación en 2027. Es la de la credibilidad de su palabra. Porque los escándalos de corrupción pueden sobrevivirse políticamente. Lo que resulta mucho más difícil de reparar es la certeza ciudadana de que, cuando el poder dice defender principios, en realidad está defendiendo privilegios.

Taddei cayó del INE. Sheinbaum y Morena corren el riesgo de derrumbarse por su contradictorio discurso. Y de esa caída no las rescatará ninguna tómbola.

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