6 noviembre, 2026 | 7:13 pm

El INE bajo sospecha, la extorsión fuera de control y los programas sociales en la mira electoral

Por Gerardo Ledezma

Vaya panorama el que se está dibujando en el país. Tres asuntos distintos, pero unidos por una constante que ya parece costumbre: instituciones cuestionadas, autoridades obligadas a dar explicaciones y ciudadanos que terminan pagando las consecuencias. Y en medio de todo, la confianza pública sigue deteriorándose.

El caso del Instituto Nacional Electoral merece detenerse y mirar con lupa. Guadalupe Taddei dejó la presidencia del organismo, pero su salida no puede convertirse en una puerta de escape frente a los señalamientos que ahora alcanzan a su administración y a funcionarios de su entorno. Las diez consejerías acordaron preparar una denuncia ante la Fiscalía General de la República para que se investiguen posibles irregularidades y se deslinden responsabilidades. Entre los delitos que se han mencionado están enriquecimiento ilícito, ejercicio abusivo de funciones, tráfico de influencias, cohecho y peculado. Pero cuidado: una cosa es señalar posibles delitos y otra muy distinta demostrar que se cometieron. Eso tendrá que determinarlo la autoridad. Lo que sí resulta inadmisible es que un organismo que debe garantizar la transparencia y la legalidad electoral termine bajo sospecha por sus propias contrataciones y decisiones administrativas. Si hubo corrupción, que se investigue hasta las últimas consecuencias; y si alguien abusó del cargo, que responda. El INE no puede exigirle cuentas a todo el país mientras sus propias cuentas permanecen bajo cuestionamiento.

Y mientras las instituciones se enredan en sus propios escándalos, la extorsión sigue haciendo de las suyas en las calles, los negocios y los corredores industriales. México Evalúa documentó 8 mil 551 víctimas entre enero y septiembre de 2026, con una tasa de 6.36 por cada 100 mil habitantes. El dato más preocupante es que el Centro, el Bajío-Occidente y el Norte concentran 85 por ciento de las víctimas registradas, precisamente en regiones que sostienen buena parte de la actividad productiva del país. ¿De qué sirve presumir inversiones, exportaciones y crecimiento económico si empresarios, comerciantes y trabajadores tienen que operar bajo la amenaza de quienes cobran derecho de piso?

La estrategia nacional contra la extorsión tampoco puede conformarse con presentar cifras de operativos o anunciar prioridades territoriales. Si el delito se desplaza y crece en regiones que no estaban contempladas como prioritarias, entonces hay que revisar qué está fallando. Y hay otra realidad todavía más vergonzosa: la mayoría de las extorsiones no llega siquiera a convertirse en una denuncia formal. El miedo está ganando terreno donde el Estado debería garantizar protección.

Y para cerrar este cuadro, aparece nuevamente el INE, ahora obligado por el Tribunal Electoral a revisar una denuncia sobre el uso de chalecos, gorras y camisetas guinda durante la entrega de programas sociales. El partido Somos acusó que esa indumentaria podría generar una asociación entre los apoyos gubernamentales y Morena. El Tribunal no declaró que exista una infracción ni responsabilizó al partido o a la Secretaría de Bienestar; lo que hizo fue revocar el desechamiento de la queja y ordenar que se analicen integralmente los elementos presentados. Tribunal Electoral

Pero la pregunta no es menor: ¿por qué los programas sociales tienen que cargar con sospechas de promoción partidista? Los apoyos pertenecen a la ciudadanía, no a un partido, no a un gobierno y mucho menos a quienes pretenden convertirlos en herramienta electoral. Si Morena está convencido de que no existe ninguna irregularidad, no tendría por qué temer una investigación seria. Y el INE, por su parte, tendrá que demostrar que puede actuar con imparcialidad, sin desechar denuncias a la ligera ni mirar hacia otro lado cuando se trata de revisar el uso de recursos públicos y mucho menos salir con el pretexto que en el pasado se hizo más daño como ahora pretende la President…con a desviar la atención.

Tres asuntos, tres focos de preocupación y una misma exigencia: que las autoridades dejen de administrar las sospechas y comiencen a rendir cuentas. Porque México no necesita instituciones que se protejan entre sí, estrategias que no alcancen a los delincuentes ni programas sociales convertidos en escaparates políticos. Necesita justicia, seguridad y árbitros electorales que estén a la altura de su responsabilidad. Y eso, hasta ahora, sigue siendo una deuda pendiente.

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo Último

Sácale Punta: Futuro de Clara Luz “cuelga” de denuncia contra Samuel

El INE bajo sospecha, la extorsión fuera de control y los programas sociales en la mira electoral

Sargazo amenaza con regresar con más fuerza en 2027; Quintana Roo proyecta barrera oceánica para proteger sus playas

“72 horas de autosuficiencia”: la UE recomienda a los ciudadanos prepararse para sobrevivir ante posibles catástrofes