La película que retrata la hipocresía en torno a los discursos de integración y aceptación desplazó a la gran favorita, ‘Minotauro’, un drama con la guerra de Ucrania como telón de fondo, y superó a la gran apuesta de la casa, ‘Notre Salut’. La ceremonia de cierre del festival incluyó cuestionamientos directos a Vladimir Putin y polémica en torno a la industria cinematográfica, en medio de temores de que se esté configurando una lista negra.
El rumano Cristian Mungiu se alzó el 23 de mayo con su segunda Palma de Oro en Cannes con ‘Fjord’, una película que pone de manifiesto las fracturas y contradicciones de las sociedades que proclaman su tolerancia y apertura hacia los demás.
«Las sociedades están fracturadas y radicalizadas, y esta película es un compromiso contra toda forma de integrismo», declaró el cineasta de 58 años, que ya había recibido su primera Palma de Oro en 2007 con ‘4 meses, 3 semanas, 2 días’, una denuncia contra la criminalización del aborto en Rumania.
En ‘Fjord’, el director y guionista sitúa su historia en Noruega, donde una pareja evangélica muy piadosa (Sebastian Stan y Renate Reinsve) se instala con sus cinco hijos y, en un principio, parece integrarse sin problemas.
Pero tras las sospechas de violencia intrafamiliar, la pareja cae en desgracia ante las autoridades, que cuestionan su educación rigorista y, sin miramientos, inician un procedimiento de acogida de sus hijos.