El cantautor español -para muchos el mejor de todos junto al cubano Silvio Rodríguez- es un gran contador de historias, y es generoso con las anécdotas que comparte.
Hace unas noches lo escuché en una conversación con el escritor nicaragüense Sergio Ramírez en el Teatro Lux de Ciudad de Guatemala y, aunque algunas de las preguntas que le hizo son similares a las de esta entrevista, las respuestas tenían otros detalles, otro tono, otra forma de narrar.
A los 81 años, Serrat tiene una memoria prodigiosa. Va revelando sus recuerdos y pensamientos como si estuvieran dentro de matrioskas rusas o fueran capas de cebollas, ese vegetal que inspiró uno de los poemas más hermosos de Miguel Hernández y que él convirtió en una canción inolvidable.
El autor de canciones tan emblemáticas como «Mediterráneo», «Cantares», «Lucía» y «Penélope» habló con BBC Mundo en el marco del festival Centroamérica Cuenta, que se celebra en Guatemala entre el 19 y el 24 de mayo.
Joan Manuel Serrat, ¿qué se siente ser la banda sonora de la vida de tanta gente?
¡Uf! Sería un acople tremendo, ¿no? Entiendo lo que quieres decir y pues me siento en parte orgulloso y en parte responsable.
¿Responsable de qué?
Responsable de que las cosas ocurran de esta manera, de que ocurran porque yo he escrito las canciones, las he cantado, he tenido la posibilidad de compartirlas y he empujado este carro que las han convertido en bandas sonoras de la gente.
Por fortuna, la banda sonora de cada quien es una banda muy diferente, cada quien se la hace a su medida y a su tiempo.
Algunas son absolutamente personales y los motivos y las canciones que eligen son de cada uno, pero hay otras que son comunes, canciones que se han quedado en la memoria colectiva y que entonces se convierten más en un himno que en otra cosa.
Como una banda social
Una banda común, sí…
Nos enamoramos con Serrat, sufrimos la muerte con Serrat, nos consolamos con Serrat. Es un registro de emociones muy amplio, ¿no?
Sí, y hace que la vida de uno tenga un cierto sentido.
Pero aclaremos que no es conmigo que se enamoran, se enamoran con una canción mía, y eso es diferente porque paso de ser cómplice a ser… Ni siquiera llego a ser observador; lamentablemente, porque sería muy divertido ser observador de esto.