Brasil entra en la recta final de la campaña presidencial que tiene como «principales favoritos» al presidente Lula da Silva, que busca un cuarto mandato, algo inédito hasta ahora, al frente del país, representante de una izquierda obligada a abrirse hacia el centro para asegurarse el electorado, y a su opositor de derechas, Flávio Bolsonaro, hijo del antiguo presidente Jair Bolsonaro, que cumple actualmente una pena de prisión por el supuesto incitamiento a la invasión de las sedes del poder por una multitud de seguidores tras las elecciones que perdió hace cuatro años.
Este domingo falta exactamente una semana para la primera vuelta. Esta última semana es crucial para que los dos principales candidatos consoliden su electorado, en un momento en que no hay ninguna certeza sobre el desenlace y sigue habiendo un gran número de indecisos a los que es necesario convencer.
La encuesta más reciente de Datafolha, del 24 de septiembre, da una ligera ventaja a Lula en la primera vuelta, pero un empate técnico en la inevitable segunda vuelta que, de confirmarse, se celebraría el 24 de octubre. Según ese mismo sondeo, el 18% del electorado sigue indeciso. De acuerdo con Datafolha, Lula obtendría el 47% en una segunda vuelta frente a Flávio Bolsonaro, que lograría el 45%. Las posiciones se invierten si se analiza la encuesta de otra empresa, Palver, que sitúa a Bolsonaro en cabeza en una eventual segunda vuelta, con el 48%, frente al 45% de Lula.
Este sábado, ambos candidatos celebraron actos de campaña de envergadura. Flávio Bolsonaro atrajo a miles de simpatizantes a un desfile de motos en una de las zonas más privilegiadas de Río de Janeiro, Barra da Tijuca. Allí Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) por el estado de Río de Janeiro, juega en casa.