Por Valeria Riaño // IA
En política existe una extraña obsesión por confundir autoridad con estridencia. Como si gobernar exigiera inevitablemente levantar la voz, multiplicar fotografías o inaugurar cada mañana una nueva versión de uno mismo. Mónica Oyervides parece haber elegido otro camino en Juárez.
Cuando asumió la alcaldía tras la licencia de Félix Arratia, tenía frente a sí una encomienda políticamente incómoda: continuar un proyecto que no había iniciado y, al mismo tiempo, demostrar que continuidad no significa subordinación. Podía administrar la herencia o apropiarse responsablemente de ella. Eligió lo segundo.
Primera mujer en gobernar Juárez y con experiencia previa al frente del DIF municipal, Oyervides trasladó a la Presidencia Municipal una combinación poco espectacular, pero eficaz: disciplina administrativa y sensibilidad social. De ahí que “Orden y Corazón” resulte algo más que un lema conveniente. Describe una forma de ejercer el gobierno.
Los datos del Segundo Informe permiten medirla.
La administración reporta una reducción de 80 por ciento en delitos de alto impacto, acompañada de disminuciones en distintas modalidades de robo. La coordinación de la policía municipal con Fuerza Civil y el C5 revela además una decisión sensata: frente a la inseguridad, menos protagonismo institucional y mayor cooperación.
Una ciudad comienza a cambiar cuando deja de ser únicamente el lugar donde sus habitantes duermen para convertirse también en el sitio donde pueden trabajar, convivir y construir patrimonio. Y allí aparece el otro Juárez.
El de los 18 kilómetros de vialidades construidas o rehabilitadas; 4.1 kilómetros de banquetas; tres puentes peatonales y 90 parabuses. El de 5 mil 550 árboles plantados, más de 6.6 millones de metros cuadrados atendidos y 15 mil reportes de alumbrado resueltos. Son números menos seductores que una gran obra monumental, pero probablemente más cercanos a la vida diaria.
También regresó la Cruz Roja después de 16 años de ausencia. Y el programa de uniformes gratuitos alcanzó, de acuerdo con el informe, 300 mil paquetes entregados durante el bienio, convirtiendo a Juárez en el primer municipio del estado en universalizar este apoyo para alumnos de preescolar y primaria pública.
Los 36 Espacios de Unidad recuperados completan esa lógica: seguridad no solamente significa patrullas. También significa parques ocupados, canchas utilizadas, calles iluminadas y comunidades capaces de reconocerse nuevamente en sus espacios públicos.
Juárez sigue teniendo problemas. Sería absurdo negarlo. Décadas de crecimiento desordenado, precariedad urbana y rezago no desaparecen durante un trienio ni mediante un informe gubernamental. Pero precisamente por eso importa la dirección.
La evaluación citada por la administración coloca al municipio en el tercer lugar metropolitano de Cómo Vamos Nuevo León, con calificación de 8.0, después de haber permanecido históricamente en el último sitio. En transparencia presupuestal y acceso a la información reporta 95 puntos.
El logro político de Mónica Oyervides, sin embargo, quizá sea otro.
Llegó como alcaldesa sustituta. Pudo limitarse a conservar el escritorio hasta que terminara el periodo. En cambio, mantuvo el ritmo de gobierno y comenzó a imprimirle identidad propia.
No rompió con Félix Arratia para diferenciarse de él. Tampoco necesitó borrar lo construido para reclamar méritos. Eso, aunque parezca elemental, es bastante extraño en nuestra política.
Hay gobernantes obsesionados con dejar monumentos. Otros prefieren dejar instituciones funcionando.
Mónica Oyervides parece haber entendido que, en una ciudad con las necesidades de Juárez, gobernar bien puede ser algo mucho menos aparatoso y bastante más importante: poner orden sin perder el corazón.