La guerra en Medio Oriente amenaza con un costoso legado sobre la economía global, después de que una comisión parlamentaria de Irán aprobara la propuesta de formalizar un sistema de peajes en el estrecho de Ormuz, que se mantendría tras la guerra lanzada por EE. UU. e Israel contra la República Islámica. Aunque diezmada por la ofensiva, Teherán busca una victoria económica en un conflicto que ha hecho temblar el comercio mundial.
En plena guerra abierta en Medio Oriente, el Parlamento iraní aprobó a finales de marzo el llamado Plan de Gestión del Estrecho de Ormuz, que oficializa un sistema de peajes para los buques que quieran navegar por ese paso comercial estratégico, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial.
El plan refuerza el control de Teherán sobre el Ormuz al vetar el tránsito de barcos de países considerados enemigos o que apliquen sanciones unilaterales contra la República Islámica. Además, busca recaudar unos 100.000 millones de dólares anuales a través de peajes, según la agencia afín al régimen Tansim, una cantidad superior a los ingresos de Irán por las ventas de petróleo.
Tras el estallido de la guerra, la Guardia Revolucionaria decretó el cierre de Ormuz para barcos no autorizados, lo que ha ralentizado el flujo de petroleros hasta un 90%, según la firma analista Kpler, y ha disparado los precios mundiales del crudo por encima de los 100 dólares por barril.