Eran biólogos marinos e instructores con décadas de experiencia. Descendieron a 70 metros de profundidad en el atolón de Vaavu y no volvieron a salir. El operativo de rescate cobró una sexta víctima y hay dos investigaciones abiertas.
El jueves 14 de mayo, cinco ciudadanos italianos descendieron a las entrañas de una cueva submarina en el atolón Vaavu, Maldivas, en el sur de Asia, en pleno océano Índico. Nunca regresaron a la superficie.
Cuatro horas después de que iniciaran la inmersión, la tripulación del yate que los había llevado hasta allí emitió una alerta. Para cuando los equipos de rescate llegaron al lugar de los hechos, ya era demasiado tarde.
Lo que siguió durante los días posteriores fue una operación de rescate casi tan peligrosa como el propio accidente: un buzo militar de Maldivas perdió la vida en su intento por llegar a los cuerpos, las búsquedas se reprogramaron varias veces por el mal tiempo y especialistas finlandeses, australianos, británicos y estadounidenses debieron intervenir para poder extraer los restos de las víctimas de una cueva a casi 70 metros de profundidad.
Según reconocen las autoridades de las islas, se trata del peor accidente de buceo en la historia del país.
Los turistas italianos fallecidos no eran novatos en el agua. Todos tenían una relación profesional con el mar: eran biólogos marinos, instructores de buceo o ambas cosas a la vez.
Monica Montefalcone, de 50 años, era profesora de biología marina en la Universidad de Génova y una reconocida especialista en ecosistemas coralinos. Había dirigido múltiples campañas científicas en Maldivas y, de hecho, los días previos al accidente había estado trabajando en la misma zona de Alimatá en programas de investigación universitaria.
Quienes la conocían la describían como una buceadora disciplinada y rigurosa. En 2004, había sobrevivido a un tsunami mientras buceaba frente a las costas de Kenia.