12 junio, 2026 | 6:58 pm

Crisis de solteros, «mujeres sobrantes» e impuesto al condón: por qué la apuesta de China para que nazcan más bebés salió mal

Millones de personas en toda China celebraron último receso del Año Nuevo Lunar con comida, festividades y oraciones.

Pero para algunos adultos solteros fue un momento difícil, ya que sus padres los reprendieron durante días por no haberse casado ni tener hijos.

La falta de niños ha sido durante mucho tiempo un tema candente en China (y en otras partes del este de Asia) y ahora es una gran preocupación para las autoridades.

En enero, el tema volvió a los titulares cuando el gobierno publicó cifras que mostraban que la tasa de natalidad del país había caído a un nuevo mínimo.

Fue un récord indeseado (5,63 nacimientos por cada 1.000 personas es el nivel más bajo desde la creación de la República Popular en 1949) y uno que las autoridades chinas no vieron venir.

Los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de enero muestran que China registró tan solo 7,92 millones de nacimientos en 2025. Y que hubo más muertes que nacimientos por cuarto año consecutivo, lo que significa que la población total se redujo en casi 3,4 millones.

Expertos de Naciones Unidas creen que la población de China seguirá disminuyendo y estiman que el país perderá más de la mitad de su población actual para fines de siglo.

Sin embargo, hace dos décadas el panorama se veía muy diferente. Las autoridades chinas habían pronosticado que la población seguiría creciendo hasta 2033 y alcanzaría los 1.500 millones de personas. Pero el pico se produjo 12 años antes, con casi 100 millones de personas menos que esas proyecciones.

A fines de la década de 1970, a medida que la población de China se acercaba a los mil millones, el gobierno comenzó a preocuparse por el efecto que esto tendría en sus ambiciosos planes de crecimiento económico.

En 1979, el gobierno de Deng Xiaoping estableció un límite de un solo hijo por familia.

Esta política se implementó generalmente mediante incentivos financieros y laborales para quienes la cumplieran, acceso amplio a anticonceptivos y multas a quienes infringieran las normas.

En ocasiones, también se emplearon medidas más coercitivas, como abortos forzados y esterilizaciones masivas.

La política ciertamente logró sus objetivos iniciales -el gobierno chino estima que evitó unos 400 millones de nacimientos en total (aunque esta cifra es disputada)- pero también afectó profundamente el equilibrio intergeneracional.

Otra preocupación ganó peso gradualmente: que el envejecimiento de la población ralentizaría la economía a medida que la población joven disminuía y la proporción entre adultos que trabajan y contribuyen al sistema de pensión, por un lado, y jubilados, por otro, seguía cayendo.

Durante años los planificadores de población de China asumieron que la baja tasa de natalidad era temporal y que, una vez que se levantaran los límites, las parejas rápidamente decidirían tener más hijos.

Un importante informe de estrategia de población de 2007, elaborado por más de 300 expertos, argumentó que la baja tasa de fertilidad podría dispararse una vez que se eliminaran los límites y advirtió contra la relajación demasiado rápida de las políticas de control de la natalidad, incluso cuando las tasas de nacimientos estaban en descenso.

Sin embargo, cuando se introdujo la política de dos hijos en 2016 no se observó un aumento sostenido de la natalidad. La política de tres hijos anunciada en 2021 tampoco tuvo un gran impacto.

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